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Parc BIT: la inversión es el principio, la continuidad es el reto

La apuesta pública por la innovación en Baleares suena potente y empieza a aterrizar en lo que de verdad importa: talento, vivienda y gestión profesional. Ahora toca lo más difícil: sostenerlo en el tiempo

Estos días se ha presentado el nuevo impulso del Parc BIT y del ecosistema de innovación de Baleares, con una cifra que, por sí sola, impone respeto: casi 70 millones de euros anunciados para reforzar el proyecto. Inversión, plan, ambición y un relato institucional claro.

Y lo primero que conviene decir —porque no siempre pasa— es que es de admirar que el Govern actual haya puesto esta apuesta encima de la mesa con este nivel de recursos y determinación. Impulsar una inversión de esta magnitud en innovación no es lo más fácil políticamente: requiere prioridades claras, capacidad de empuje y asumir que los resultados no siempre se recogen en el corto plazo. En ese sentido, el gobierno de Marga Prohens y el vicepresidente Antoni Costa merecen reconocimiento por haber empujado esta iniciativa. No por el titular, sino por la decisión.

Pero si algo me dejó pensando del acto no fue solo la cifra, sino un matiz que marca la diferencia entre un “momento” y un “proyecto”: se empieza a hablar de lo que realmente cambia un parque tecnológico. No tanto de edificios, sino de condiciones. De comunidad. De talento. Y —clave en Baleares— de vivienda.

De hecho, durante la presentación se proyectó un elemento que durante años ha sido el gran elefante en la habitación en cualquier conversación sobre atracción de perfiles técnicos: la incorporación de vivienda como parte del ecosistema. Y, además, se dejó entrever algo igual de relevante para el éxito: una gestión profesionalizada, con la intención de reforzar la estructura del parque y sumar perfiles específicos para la atracción empresarial. Es decir: no solo presupuesto, también músculo operativo. Y eso es una muy buena señal.

En el evento, además del discurso institucional, hubo una intervención especialmente reveladora: la visión de casi 30 años de experiencia de quien ha visto crecer un parque tecnológico hasta convertirlo en un motor económico de escala. Y lo interesante no fue el “qué” (innovación, empresas, atracción), sino el “cómo” sostenido en el tiempo: equipo estable, cooperación real entre actores, gobernanza profesional y una obsesión por los intangibles que no salen en la nota de prensa.

Porque, si somos honestos, el reto de Baleares no es entender qué hay que hacer. Eso lo sabe cualquiera que haya pisado un parque tecnológico serio. El reto es ejecutar durante años, con consistencia, sin que el proyecto cambie de rumbo cada vez que cambia el ciclo político.

 

La comparación incómoda que deberíamos abrazar

No lo digo como crítica fácil, sino como estímulo: cuando escuchas la escala de otros parques —con decenas de miles de profesionales y un efecto tractor notable sobre industria, universidad, inversión y empleo— te entra una envidia sana. Y te preguntas: ¿por qué Baleares, siendo una comunidad con capacidad económica, marca y proyección internacional, no va a aspirar a esa liga?

Aquí hay un ecosistema real. Empresas, emprendedores, casos de éxito, instituciones que se mueven, universidad y centros. Pero seguimos teniendo un techo que aparece una y otra vez: atraer y retener perfiles técnicos en volumen, construir masa crítica y sostener un rumbo estratégico de forma continuada.

La buena noticia es que el plan presentado apunta a esos frentes. Y lo más interesante es que empieza a incorporar dos palancas que, en la práctica, suelen ser determinantes: vivienda y gestión profesional.

 

Tres claves para que esto no se quede en una presentación

Dejo tres ideas —prácticas, casi operativas— que creo que son las que marcan la diferencia.

1) Talento antes que metros cuadrados (y vivienda como condición real)

 Un parque tecnológico no compite por ser “bonito” o “nuevo”. Compite por ser útil. Y lo útil hoy es facilitar que el talento llegue, se instale y quiera quedarse. Eso incluye servicios, movilidad, conexión con universidades, formación continua y políticas de atracción internacional. Pero en Baleares hay una condición previa: resolver la ecuación residencial. Si la vivienda entra en el diseño del proyecto, no como anexo sino como pilar, se está poniendo el foco donde toca.

2) Excelencia de gestión (profesionalizar para ejecutar)

El dinero importa. Mucho. Pero por encima del dinero manda la gestión. Un parque es una organización viva: necesita dirección con visión, equipo técnico estable, procesos, métricas y una interlocución permanente con el tejido empresarial. Por eso es relevante que se hable de reforzar la estructura de gestión con perfiles ejecutivos y comerciales orientados a captar actividad. A veces, lo más transformador no es inventar algo nuevo, sino gestionar bien: rápido, con foco y con rendición de cuentas.

3) Continuidad: el pilar silencioso

 Aquí está el núcleo. Los ecosistemas no se construyen a base de golpes de efecto. Se construyen a base de continuidad. Y continuidad significa algo muy concreto: proyecto estratégico compartido, gobernanza profesional y un equipo que se mantiene. No hablo de eternizar personas, sino de evitar que cada ciclo arranque de cero. Si cada cuatro años reiniciamos prioridades, reescribimos programas y cambiamos el tablero, la innovación se convierte en una carrera de relevos… sin llegar nunca a meta.

Despolitizar no es “quitar” a la política: es ponerla donde toca

Cuando se habla de “despolitizar” proyectos estratégicos, algunos interpretan que la política debe desaparecer. No es eso. La política tiene un papel esencial: marcar ambición, dotar recursos, alinear instituciones, simplificar marcos y dar estabilidad normativa. Lo que no puede hacer es convertir la innovación en un escaparate que cambia de forma según el ciclo electoral.

Si queremos un Parc BIT fuerte, necesitamos que la innovación sea un consenso real. No un eslogan compartido, sino un compromiso: pase lo que pase, el proyecto sigue.

 

El papel de las empresas: menos espectadores, más coproductores

Y aquí también nos toca mirarnos al espejo. Porque no todo es administración. El ecosistema lo construimos entre todos. Las empresas tenemos que ser menos espectadoras y más coproductoras: abrir puertas, colaborar, compartir conocimiento, mentorización, proyectos con universidad, eventos útiles, contratación, apuesta por producto y por I+D aplicada.

Que el Parc BIT sea un lugar donde pasan cosas no depende solo de un plan. Depende de que el tejido empresarial lo use como plataforma y lo alimente.

 

Un deseo con condiciones (y una oportunidad real)

Ojalá esta apuesta sea el inicio de una etapa de verdad. De las que dejan poso. Y lo mejor del acto es que, además de inversión, se empiezan a ver señales de aterrizaje: vivienda y gestión profesional.

Ahora solo falta lo más difícil: sostenerlo.

Menos titular. Más constancia.
Menos legislatura. Más década.
Menos parque como espacio. Más ecosistema como motor.

Si se consigue, el retorno no serán solo empresas nuevas o edificios mejores. Será algo más importante: una Baleares con más industria tecnológica, más empleo cualificado y más capacidad de decidir su futuro económico.

Xavi March CEO de Refineria y miembro de la junta directiva GSBIT